Pulsión nace como una marca personal, pero también como una forma común de trabajar y de entender al ser humano, de vibrar con él.

Echando un vistazo atrás en el tiempo, el término Pulsión fue definido por Freud a finales del siglo XIX como un impulso psíquico propio de la especie humana. Sin embargo, dicho término nos sugiere algo más amplio: cualquier forma de fluir, de relacionarse o de interactuar de los seres humanos, entre sí y con su entorno. Una relación sin bloqueos y en pleno dinamismo.

El enfoque, por tanto, es intentar devolver esa libertad de movimiento del ser humano, trabajando en todos sus planos: físico, emocional y mental.

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